Mega diversidad=Mega responsabilidad

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J. René Valdez Lazalde

La lectura e interpretación repetida de un término cualquiera encamina a una sociedad a construir una visión cosmogónica determinada que a la postre puede resultar ventajosa o desventajosa para sí misma. En este sentido, las personas inmersas en la materia de recursos naturales por décadas hemos escuchado con resonancia que México es un país mega diverso en ambientes y, consecuentemente, en especies de flora y fauna; resuena que vivimos en un país mega biodiverso. Infortunadamente la resonancia pierde sonoridad para enfatizar que la diversidad existente en nuestro país trae consigo una enorme responsabilidad social. Esta discordancia explica, en buena medida, la reducción de los recursos naturales de México y la consecuente pérdida de biodiversidad.

Ejemplo de esta interpretación es el párrafo inicial de la introducción del Atlas Nacional Forestal (1999): “México es un país excepcionalmente favorecido por la naturaleza. Cuenta con una amplia variedad de climas y suelos, que permiten que en su territorio se desarrollen una gama asombrosa y fascinante de ecosistemas forestales. Ellos contribuyen significativamente a la base de recursos naturales con que cuenta la nación, la que ostensiblemente se distingue en el orbe por su mega biodiversidad”

 Esta expresión, deja constancia que como sociedad hemos interiorizado el concepto de mega biodiversidad como una fortuna que nos ha regalado la naturaleza; esperando que ésta nos provea prosperidad y bonanza sin mucho esmero. Después de todo no parece tener sentido  recibir una fortuna y complicarse la vida para entenderla o esforzarse para administrarla.

Desafortunadamente, ni la prosperidad ni la bonanza son circunstancias que podamos presumir como sociedad. Por ello tal vez sea conveniente re-interiorizar el concepto de mega biodiversidad, entender con todas sus letras que el poseer un territorio mega biodiverso es una enorme responsabilidad que conlleva compromisos y tareas de magnitud similar: mega. En aras de ser justo, merece la pena rescatar también lo que al respecto menciona el Atlas Forestal de México: “La riqueza biológica de México, cada vez más apreciada y reconocida, significa una gran responsabilidad para toda nuestra sociedad, que debe expresarse en compromisos y programas viables y efectivos para su conservación, restauración y aprovechamiento”

 Podríamos iniciar la re-interiorización del concepto con una interpretación opuesta de la mega biodiversidad, que tendría una connotación negativa, de desventaja es decir, implica considerar que el poseer un país mega biodiverso, con condiciones ambientales y fisiográficas variables en extremo, es una desventaja en muchos sentidos, dado que tal variabilidad exige esfuerzos y recursos mega y diversos, particularmente si deseamos entender con suficiente detalle lo que tenemos de recursos naturales en el país.

Parece que la interpretación adoptada por buena parte de la sociedad mexicana es la positiva, es decir, mostrar, cada vez que tenemos oportunidad en foros nacionales o internacionales, el orgullo de pertenecer a un país que ostenta 12 de cada 100 especies que se conocen en el mundo, el quinto lugar mundial en diversidad de plantas vasculares, el tercer lugar en diversidad de mamíferos, el segundo lugar en riqueza de reptiles, etc., etc. (CONABIO, 2006). Interpretación poco afortunada porque como sociedad no hemos entendido el reto que ello implica ni tampoco hemos emprendido un “mega esfuerzo”, con “mega recursos” humanos y financieros, durante un periodo “mega constante” que nos permita, o nos encamine siquiera a lograr un entendimiento de las formas y de los procesos que ocurren en la gran variedad de ecosistemas o condiciones que observamos en nuestro territorio.

Tal vez si provocamos un cambio de interpretación del tema, si enfatizamos que la biodiversidad existente en México es una desventaja, que podemos revertir con esfuerzo, podamos auto convencernos como sociedad (particularmente quienes lideran el rumbo del país) de que únicamente mostrar orgullo no abona al entendimiento, ni al avance en la planeación del uso y aprovechamiento sustentable de nuestros recursos naturales.

Ojalá que un giro en la concepción semántica de la mega diversidad y en su interpretación, catalicen una nueva actitud ante todo lo que es necesario apoyar mediante la implementación de políticas, estrategias y programas que tengan como propósito inicial el entender para utilizar adecuadamente la mega biodiversidad que tuvimos la desgracia o fortuna de administrar como país y, que esa nueva actitud tenga como respuesta la incorporación de un ejército en la tarea de atenderla de manera permanente y con recursos e infraestructura mega suficientes. El reto es de magnitud titánica, para todos, se hace necesario compartirlo. En su solución o avance cabemos y somos necesarios todos, reconociendo en la práctica que el carácter mega biodiverso de nuestros ecosistemas implica un reconocimiento explícito de sus ventajas y desventajas.

J. René Valdez Lazalde. PhD con énfasis en geomática por el Departamento de Ciencias Forestales de la Universidad Estatal de Colorado (2001), Maestro en Ciencias en Recursos Forestales por la Universidad Estatal de Oklahoma (1997) e Ing. Forestal con orientación en Economía y Manejo de Bosques por la Universidad Autónoma Chapingo (1992). Actualmente es Profesor Investigador Titular de Geomática y Manejo Forestal en el Postgrado en Ciencias Forestales del Colegio de Postgraduados, México, donde imparte cursos a nivel postgrado de Sistemas de Información Geográfica y Manejo de Bosques. Su interés principal es el desarrollo de herramientas de geomática y modelos de apoyo a la toma de decisiones para el manejo de recursos forestales, particularmente la evaluación espacial de la aptitud de tierras mediante procesos multicriterio/multiobjetivo y el desarrollo de metodologías para cuantificar y mapear variables del bosque (área basal, volumen, biomasa, carbono, etc.) a través de la asociación de datos espectrales colectados mediante plataformas satelitales, datos de sensores activos como LiDAR y datos dasométricos colectados en campo. Ha impartido más de 50 cursos regulares y de capacitación, además de 47 ponencias en eventos científicos; ha publicado 57 artículos científicos como autor o coautor y 95 contribuciones como capítulos de libro, artículos divulgativos y memorias de congresos.

valdez@colpos.mx

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