Sector forestal en Chile

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Como habría sido sin pino y eucalipto

Si a fines del siglo XIX no se hubieran iniciado las plantaciones de pino y eucalipto, es probable que otra seria la historia que contaría hoy el sector forestal chileno.

El pasado forestal de Chile se remonta a antes de que llegaran al país el Pino radiata y los Eucalyptus globulus y nitens. Aún sin ellos, la tarea de forestar se pudo haber realizado con especies tanto nativas como traídas de otras latitudes, pero de silvicultura conocida.

Lo que no se sabe es si las especies elegidas hubieran prendido con igual fuerza y vigor, y si las plantaciones abarcarían hoy el 14% de la superficie del país, ni si serían el principal sustento del sector. La producción forestal en Chile se basa en un 99% en los bosques plantados que se ubican principalmente en la macro-zona forestal desde la Región de Valparaíso hasta la Región de Los Lagos, y que abarcan el 28,3% de la superficie del país. La especie mayormente cultivada es el Pino radiata (59,1%) seguido del Eucalipto globulus (23,6%) y Eucaliptus nitens (10,5%), pilares de la industria forestal chilena.

El sector se ha desarrollado porque estas especies se adaptaron muy bien a suelos altamente degradados, con crecimientos de 20 o 30 m3 por hectárea al año, lo que es imposible lograr con especies nativas, ni en el mejor de los sitios. Está claro que sin especies de rápido crecimiento el sector forestal no tendría la importancia económica que tiene hoy.

Si no fuera por la presencia de ambas especies, resulta difícil figurarse un nivel de desarrollo industrial similar al que hoy exhibe el sector. Sólo algunos pocos soñadores del ámbito público y privado imaginaron este escenario casi 80 años atrás, cuando Corfo iniciaba estudios sobre el tema de la forestación y las posibilidades de establecer industrias derivadas con el uso del recurso que se generaba.

En la década de 1950, según cifras de Corfo, se producían unos 71.000 metros cúbicos de madera industrial, a partir de la extracción de unos 150.000 m3 anuales de maderas nativas. Hoy, el consumo de trozos anuales para uso industrial en el sector forestal, según cifras del Instituto Forestal, corresponden a más de 44.500.000 de metros cúbicos, que en un 97% provienen de bosques plantados de pino y eucalipto. Los costos de producción y de ingresos por exportaciones, son realmente incomparables.

Buen consejo

La experiencia ha demostrado que ninguna conífera supera al Pino radiata en adaptación y crecimiento, y tampoco a los eucaliptos por parte de las latifoliadas. Sin plantaciones con dicha capacidad de adaptación, tasas de crecimiento, resistencia a las plagas o la sequía, y versatilidad de la madera, el precio lo habría pagado el bosque nativo, ya que se lo hubiera seguido destruyendo para abastecer la creciente demanda de madera de parte del Estado para la construcción de viviendas, y para la fabricación de papel periódico, materiales para embalaje y cartones.

Debido a la búsqueda de las mejores especies para obtener madera, el recurso autóctono ya se encontraba en franca degradación en la zona centro sur del país en la década de 1940, y no se barajaba la posibilidad de producir rollizos provenientes de raleos de renovales ni ningún manejo racional y sostenible del bosque nativo.

La presión de corta sobre el bosque nativo para obtener maderas se redujo ostensiblemente cuando el Estado se abocó a detener su degradación a partir del informe elaborado en 1942 por la llamada Misión Haig, equipo de expertos contratados desde Estados Unidos que hicieron un lapidario diagnóstico del estado de los bosques nativos en Chile y recomendaron recuperar terrenos con plantaciones de Pino radiata, debido a lo rápido que crecían los árboles.

El pino se había probado con éxito en 1935 y el eucalipto a principios de siglo, y por sus excelentes resultados eran las especies adecuadas para usar en una forestación masiva, como fue la iniciada a finales de la década de 1960.

Apoyo del Estado

El aporte ambiental de las plantaciones resultó clave para detener la severa y galopante erosión que a mediados del siglo XX afectaba a miles de hectáreas de terrenos de aptitud preferentemente forestal; suelos explotados con fines agrícolas durante siglos que habían perdido su capa vegetal, y que las primeras generaciones de ingenieros forestales colaboraron a detener, generando institucionalidad y ejecutando y construyendo la actual realidad forestal gracias al Plan Colchagua en 1969, elaborado en el Departamento Forestal del SAG que fue el embrión de Conaf.

Ello hizo que a principios del siglo XX el Estado contratara al naturalista alemán Federico Albert, para que desarrollara un programa de recuperación de suelos y de las dunas de Chanco, e hiciera un estudio para aclimatar especies foráneas de plantas y animales. Fue el pionero que recomendó e inició la plantación en esos terrenos con eucaliptus, entre otras especies.

El desarrollo forestal que hoy experimentamos no habría sido posible sin la intervención del Estado con las políticas públicas de forestación, como las que se implementaron a finales de la década de 1960,

De ninguna forma hubiera sido viable una industria forestal basada en especies autóctonas. No hubo ni un sólo ensayo conocido de plantación con especies nativas entre las regiones V y VIII porque las especies nativas requieren para crecer de un suelo con cobertura vegetal que en Chile no existía por efecto de la erosión. Situación que parece no haber cambiado, ya que ensayos experimentales de plantaciones nativas realizados en los últimos años demuestran que tienen un costo demasiado alto para su establecimiento y desarrollo masivos.

 

Publicado el 14 de agosto 2018 Lignum
www.lignum.cl/reportajes/sector-forestal-chile-habría-sin-pino-eucalipto
Germán Urra. José Antonio Prado, Patricio Toledo
Incluido en Revista Forestal Mexicana 5/10/2018
www.revistaforestalmexicana.com.mx

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